Al día siguiente, el tipo sale de su casa, pero se queda espiando desde la esquina. Al rato ve llegar al tal Carlos Emilio, un tipo súper bien hecho, atlético, aristocrático, al volante de un BMW último modelo, ropa italiana de última moda, con un ramo de flores en la mano y toca el timbre de su casa.
La mujer se había esmerado por poner las mejores sábanas.
Carlos Emilio se quita la chaqueta revelando unos hombros poderosos y armónicos.
La mujer lo besa apasionadamente mientras se quita los zapatos.
El marido no sabe qué hacer, ni cómo intervenir y solo atina a seguir espiando.
Carlos Emilio se quita la camisa de seda natural y muestra un torso perfecto, un vientre duro y sin un gramo de grasa.
La mujer se quita la falda dejando al descubierto unas piernas y nalgas llenas de celulitis, y acaricia con locura a Carlos Emilio. Carlos Emilio se quita los pantalones: sus piernas son virilmente perfectas.
La mujer se quita la blusa: su vientre lleno de estrías, se suelta el sostén y los pechos, flácidos y caídos, le cuelgan hasta el ombligo!
El marido esconde la cara entre las manos y murmura:
¡'COÑO! qué vergüenza con Carlos Emilio'

2 comentarios:
jajjajaja. Buen chiste.
Me gustaria tanto que fuera real, es decir que los carlos Emilios se fijaran en mujeres flácidas a las cuales sus maridos no valoran,que las mujeres disfrutaran de su sexualidad sin complejos y finalmente que los maridos no les dieran tanta importancia a una aventura sexual.
A. Barreto
Jaajajaa carlos emilio es un erroe jajajaaja
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